La Beat Generation, por Annalisa Marí Pegrum


 

«Había mujeres, yo las conocí:
(…) sus familias las encerraron en manicomios».

Gregory CORSO, julio de 1994

 
 
La Beat Generation
 
 
La generación beat es un movimiento artístico de vanguardias que se desarrolló en los Estados Unidos a finales de los años cuarenta y a principios de los cincuenta. Eso lo sabemos todos. También sabemos que fueron obras como Howl (Allen Gingsberg, 1956), On the Road (Jack Kerouack, 1957), Naked Lunch (William S. Burroughs, 1959) o New American Poetry (Donald Allen, ed. 1960) las que la dieron a conocer.
 
     Bob Dylan dijo de On the Road: «Cambió mi vida, al igual que cambió la de todos los demás». Sí, lo sabemos. Y sabemos que si no hubiera sido por los juicios a los que hubieron de enfrentarse algunas de las obras de la generación como, por ejemplo, las novelas Howl (Ginsgberg) o The Naked Lunch (Burroughs), el libro de poemas eróticosacro The Love Book (Lenore Kandel), la obra de teatro The Beard (Michael McClure) o la revista The Floating Bear (Leroi Jones, Diane di Prima), difícilmente podríamos concebir la libertad de expresión que caracterizó los años sesenta o esos años hippies.
 
     Lo que quizás es más fácil de olvidar es que el movimiento beat duró más de veinte años y que no se limita simplemente a Ginsberg, Kerouac o Burroughs. Aunque es innegable que estos autores sirvieron como catalizadores para el resto de la generación, limitarse a esta nómina tan reducida implica una visión simplista de la historia.
 
La nómina no se reduce tampoco a los seis o siete autores aceptados en versiones algo más amplias, entre ellos, por ejemplo, Lawrence Ferlinguetti, Gary Snyder o Gregory Corso. Esta visión de la generación beat sigue siendo reduccionista e ignora a decenas de escritores y artistas que también pertenecieron a ella y que, normalmente, han recibido poca atención.
 
     Desde 1982, el año en que se celebraban los veinticinco años de la publicación de On the Road, numerosos críticos estadounidenses (J. Skerl, R. C. Johnson, N. M. Grace) han señalado que el canon empleado hasta ahora sirve tan sólo para mitificar a los escritores que han sido hasta ahora los protagonistas, relegando a un segundo o tercer plano a otros subgrupos sociales como, por ejemplo, a los artistas y escritores afroamericanos o a las mujeres.
 
     Son representativas las palabras de Gregory Corso al respecto. Preguntado en una conferencia por la razón por la cual no había mujeres en la generación beat, contestó:

Había mujeres, estaban allí, yo las conocí, sus familias las encerraron en manicomios, se les proporcionaba tratamiento con descargas eléctricas. En los años 50 si eras hombre podías ser un rebelde, pero si eras mujer tu familia te encerraba. Hubo casos, las conocí. Algún día alguien escribirá sobre ellas.

 
Mujeres beat: hermanas, santas y sibilas
 
 
Varios estudios coinciden a la hora de defender la idea de que la generación beat abarca un espectro mucho más amplio de escritores y artistas que comprende, incluso, dos o tres generaciones, generaciones caracterizadas por el inconformismo —tanto político como moral— y la búsqueda de una cultura alternativa en medio de la fuerte crisis de identidad que asola los Estados Unidos en aquella época.
 
     Así pues, junto a los escritores mencionados anteriormente, encontramos a escritoras como Elise Cowen, Joanne Kyger, Lenore Kandel, Diane di Prima, Denise Levertov, ruth weiss, Janine Pommy Vega, Hettie Jones, Joyce Johnson, etc. Esta última, en su prólogo a Women of the Beat Generation, de Brenda Knight, bautiza a las mujeres de esta generación como «hermanas, santas y sibilas». Y no es de extrañar por qué. Por otro lado, sus memorias autobiográficas tienen el sugerente título de Personajes secundarios. Tampoco extraña si se tiene en cuenta que la voz de estas mujeres fue eclipsada no sólo en su momento, sino en los años posteriores.
 
     Como se puede comprobar en las palabras de Gregory Corso citadas anteriormente, en la década de los cincuenta las mujeres no disfrutaban todavía de las mismas libertades que los hombres y muchas de ellas sufrieron graves problemas psicológicos que, en casos como el de Elise Cowen, por ejemplo, acabaron en suicidio.
 
     Anne Waldman, escritora de la generación beat y crítica literaria, afirma en su prólogo a Women of the Beat Generation:

Las mujeres estábamos dominadas por nuestras relaciones con los hombres y permitimos que nuestro talento quedase rezagado lo cual resultó, en numerosas ocasiones, en drogadicciones, dolorosos abortos, además del aislamiento de la familia y los amigos.

Muchas de las artistas de la generación beat fueron mujeres atribuladas que se vieron obligadas a luchar contra las restricciones de la cultura, de la familia y de la educación, a la vez que intentaban desarrollar su talento artístico a la sombra de algunos de los escritores más emblemáticos de la generación. En los siguientes apartados analizaremos tres de los casos.
 
 
Joanne Kyger
 
 
No parece que las mujeres estuvieran ausentes en este circuito literario que se estaba produciendo a ambas costas de los Estados Unidos. Con todo, a las mujeres se les seguía recordando las limitaciones inherentes a su género, a la vez que sus obligaciones domésticas.
 
     Joanne Kyger, quien en 1962 compartió casa durante una temporada con Ginsberg, Orlovsky y Snyder, quien fue, además, su pareja durante cinco años, anota en sus Diarios de Japón y la India: «intentando leer Kim entre montones y montones de ropa sucia».
 
     Es fácil comprobar que, en la literatura típicamente masculina de la época, las figuras de las «esposas» representaban la falta de libertad y el conformismo. Por el contrario, en la literatura de las mujeres, éstas pasan a convertirse de objetos a sujetos y señalan esta sensación de invisibilidad, tanto física como literaria. Joanne Kyger, por ejemplo, ironiza sobre la relación entre lo femenino y lo doméstico:

(No creo en ninguno
de tus dioses o poderes
Todo es Mentira
Ni siquiera creo
en Mis poderes o dioses
Sus últimas palabras fueron:
mantén limpia la casa).

Sabemos que algunas de estas mujeres escribieron prolíficamente durante la época de finales de los cincuenta y de los sesenta y, sin embargo, la sensación que destilan sus poemas y escritos es la de la invisibilidad. Joanne Kyger, por ejemplo, intenta contrarrestar la mitologización de mujer como musa.
 
     Joanne Kyger nació en 1934 en California y estudió Filosofía y Poesía en la Universidad de California. En 1957 se mudó a San Francisco y conoció a Gary Snyder, con quien se casó en 1960 y con el que vivió cinco años en Japón, donde se dedicó a escribir poesía y a practicar budismo zen. A su vuelta a los Estados Unidos publicó su primer libro de poemas, The Tapestry and the Web (1965), y desde entonces ha publicado más de veinte libros de poesía y prosa.
 
     Denise Levertov fue la única poeta beat antologada en The New American Poetry (1945-1960), lo cual sirvió, como todas las antologías, para canonizar a algunos autores y relegar al olvido a otros. En general, la sensación que predomina entre el grupo de mujeres que escribía en aquellos momentos es el de invisibilidad. En abril de 1962, Joanne Kyger refleja este sentimiento en sus Diarios de Japón y la India: «Don Allen (Ginsberg) se llevó todos mis poemas para su próxima antología y después le pidió a Gary (Snyder) que me pidiera que le enviase una biografía corta, y a mí no me dijo ni una palabra».
 
 
Diane di Prima
 
 
La única obra de Diane di Prima (Nueva York, 1934) traducida al español es Memorias de una Beatnik, autobiografía erótica escrita por encargo y en las que describe, entre otras, una experiencia en una orgía —por otro lado, bastante poco excitante— que incluye a Ginsgberg y a Kerouac, entre otros. The Floating Bear, la revista que codirigió junto con Leroi Jones, hubo de enfrentarse también a cargos de obscenidad. Diane vivió durante un tiempo en la comunidad experimental de Timothy Leary y recorrió los Estados Unidos con una Volkswagen deteniéndose para leer su poesía en todo tipo de recitales.
 
     Firme practicante de la filosofía budista, sus poemas son toda una alabanza a la vida y al instante. Sin embargo, se hallan algunas de las características anteriormente expuestas como, por ejemplo, mujer como sujeto no sólo sexual, sino en la rutina cotidiana, rechazo de la domesticidad, etc. En Poema en alabanza de mi marido leemos, por ejemplo:

[…] y tú, interrumpiéndome en medio de un millar de poemas
¿has llamado a los del seguro? La vez que paraste un poema
en medio del viaje sobre las montañas de Nebraska y
hacia Colorado, odetta cantando, el mundo entero cantando en mí
[…] tú diciendo algo sobre el carburador
de modo que se perdió todo.

 
Lenore Kandel
 
 
Lenore Kandel (Nueva York, 1932-San Francisco, 2009) publicó dos libros de poemas antes de sufrir un accidente que le dejó graves secuelas permanentes en la espalda. The Love Book (1966) es un panfleto de cuatro poemas que la propia autora describió como «holy/erotica» (sagrado/erotismo) mientras que el segundo, Word Alchemy (1967), continúa con el tratamiento del amor sexual, pero en un punto de mira más amplio. Su primer libro The Love Book fue perseguido por presunta obscenidad y dio lugar a un famoso litigio: en 1966, Lenore fue denunciada por «hard-core pornograhy».
 
     En 1967, Lenore fue la única mujer que compartió escenario con Gary Snyder, Neal Cassady y Allen Ginsgberg en el ya mítico Be-In Festival que se llevó a cabo en 1967 en San Francisco y que constituyó el pistoletazo de salida para lo que acabaría llamándose el Verano del Amor. De los beat dice: «Conocí a los hombres beat mucho mejor [que las mujeres], era más amiga suya. Se tomaban mi poesía en serio». Jack Kerouac, por ejemplo, admiraba de ella su intelecto, lo cual plasmó en la novela Big Sur. En ella, la describe como

Un enorme monstruo rumano belleza de algún tipo me refiero con grandes ojos lilas y muy alta y grande (pero grande tipo Mae West) […], pero también inteligente, con muchas lecturas a sus espaldas, que escribe poesía, estudia zen, lo sabe todo…

La poesía de Lenore Kandel es transgresora en cuanto que rechaza la visión típicamente masculinista de la generación beat y habla en primera persona de unas experiencias sexuales que responden a su idea de «holy erotica» o erotismo sagrado. En su defensa, frente a las acusaciones de «pornografía dura» a las que tuvo que enfrentarse en 1966, la poeta alegó que aquello que se describía en el libro reflejaba su creencia de que «los actos sexuales entre personas que se aman son actos religiosos».
 
     A pesar de la acusación de pornografía y de literatura obscena, a lo largo de todo el libro la autora se refiere a los amantes como la «pareja divina» de la ideología hindú. Y a pesar de que las palabras que nombran los órganos sexuales y los diversos actos del amor sean explícitas, el amor que se describe en The Love Book es, en la mayoría de los casos, una celebración monógama vista desde la perspectiva de una mujer. Esta visión se diferencia de la que se encuentra en la literatura masculina puesto que, en numerosos casos, las mujeres son tratadas como objetos sin ningún valor —y mucho menos con valor divino, como nota la autora—.
 
 
Mujeres beats, no beatniks
 
 
Las tres mujeres que acabamos de mencionar (Joanne Kyger, Diane di Prima, Lenore Kandel) estuvieron presentes en los acontecimientos fundacionales de la generación —en las lecturas de San Francisco o en la escuela de Bolinas, por ejemplo— y compartían influencias y círculos literarios. Además, los temas que trataron las mujeres son —al igual que el de los protagonistas de la generación— la espiritualidad, las filosofías orientales, la alteración de la conciencia, el jazz, la escritura automática, etc.
 
     Lenore Kandel no se limitó a ser, como tampoco lo hicieron Diane di Prima, Joanne Kyger ni la mayoría de las artistas de su generación, meras amantes, esposas o amigas de los protagonistas de la generación beat, sino que fueron escritoras prolíficas que, en numerosas ocasiones, no fueron lo suficientemente reconocidas en su momento y que, en lo sucesivo, han sido olvidadas en los estudios y antologías posteriores sobre la generación beat.
 
     A partir de 1982, el año en que se celebraban los veinticinco años de la publicación de On the Road, numerosos críticos estadounidenses (J. Skerl, R. C. Johnson, N. M. Grace, B. Knight) han señalado que los cánones utilizados hasta el momento sólo sirven para mitificar a los escritores protagonistas, por lo que proponen una reconstrucción de la historia de la generación beat.