Putas, locas y sensibles. Cuestión de opinión, por Beatriz Rodríguez


 
Me contó el comisario de una exposición sobre Maruja Mallo que en una ocasión le preguntaron a Rafael Alberti qué opinaba sobre la obra de la artista y, sin que le temblara el pulso, el poeta contestó: «Esa putita pintaba muy bien». No me sorprendió demasiado este comentario, pues, como decía Théroigne de Méricourt, «Lo más parecido a un machista conservador es un machista revolucionario».
 
     Parece ser que la homointelectualidad masculina, ya sea por desconocimiento, por senectud o por simple terror a la vagina creadora, está de rabiosa actualidad, y mira que la cosa suena antigua. Supongo que serán coletazos de la posmodernidad, que nos tiene a todos un poco liados con su discurso transgresoramente vacío y repetitivo, en el que, por ejemplo, algunos editores confunden opinión con criterio y machismo con canon, lo cual unos añitos en filología podrían solucionar sin problema.
 
     En medio de esta aburrida polémica, a la que no deberíamos hacer mucho caso porque todos nos vamos a morir y convendría, en lugar de perder el tiempo con opiniones, leer un poquito más, surge la idea de hacer un número de Poemad sobre uno de los títulos más exitosos del año, Beat Attitude (Bartleby, 2015). Un homenaje a las poetas de la generación beat que fueron doblemente revolucionarias, en su escritura y en su actitud vital. Queremos agradecer su colaboración a las poetas que integran el número, a Manuel Rico y a Pepo Paz por su amable disponibilidad y colaboración y, muy especialmente, a la capitana de este título tan importante: Annalisa Marí Pegrum.
 
     Impregnadas del espíritu beat, hemos hecho un pequeño recorrido por los números de la revista Poemad, a partir de los cuales queremos reivindicar nuestro canon particular en torno a las poetas que nos han acompañado en los últimos números. Puede leerse en voz alta, muy rápido y muy fuerte, tal vez con un solo del loco Charlie Parker de fondo que le dé profundidad a lo que no es más que un ejercicio de retórica, pero que, si se repite unas cuantas veces, puede, con suerte, cambiar alguna opinión. One, two, one, two, three, vamos:
 
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