[tête de veau], [La muerte es una forma] y [Éste es un ejemplo], de Olvido García Valdés


 

Luis Fernández, «Tête de veau», 1944.

tête de veau naveta ojos
inexpresivos de actor
ante la muerte tête
de veau el error
es hablar: sentir
el hormigueo apoyar
la espalda contra la pared
cerrar los ojos tête
de veau un ángel
recoge el rollo del cielo reposa
la figura almendrada
naveta retener traspasar
ser silencioso

De caza nocturna

 

Rogier van der Weyden, «Descendimiento de la cruz», 1436.

La muerte es una forma
en algunas pinturas del XV,
una curva que el cuerpo figura
entre quien lo sostiene y su propio
peso. Una curva también
la forma del amor, plegarse
dúctilmente. O de otro modo,
recto, peso muerto sobre paño
verde, mariposas aéreas, amarillas,
o sombra pálida, bullentes.
Tú tenías anillos, dedos en las manos.

De caza nocturna

 

Arshile Gorky, «(Good Hope Road II), Pastoral», 1945.

Éste es un ejemplo: se trata de una imagen
del XIII (el XIII con su cúpula), una Virgen
sentada en el jardín, altiva y sola (la única
que yo conozca en su especie). Observen
en el prado las flores esmaltadas,
las hojas, el azul ultramar y el rojo
extraño como un incendio. Observen
su rostro, se llama féretro luminoso
de su puro; a la izquierda, el halcón
anuncia que el alma emprende el vuelo,
al fondo el río, casi un hilo,
se pierde. Es forma la pintura.

Ella hacía ganchillo, puntillas para sábanas, le resultaban difíciles los gestos por la artrosis, sus largos dedos agudos. —Éstas de arañas son las más guapas —dice—, son las que más me gustan, aunque tengo una pena muy grande por el nenín. Un día, antes de caer enfermo, tenía una araña roja en la espalda, muy grande, así —y señala con el puño el tamaño—, casi no podía arrancársela, y después le salieron aquellas ronchas rojas. Pensé si se habría muerto por eso, pero no, tenía endocarditis aguda, el médico lo dijo, como si el corazón se fuera haciendo más grande cada vez y no cupiera en la caja. Era por la miseria. Yo traía brazadas de habas a la cocina para deshacerlas allí y con ellas venían arañas. Todo era trabajar y trabajar—. Se calla, sigue con la aguja y el larguísimo hilo –¿no te gustan a ti?–. Es morena, tiene ojos oscuros de pájaro desarbolado. El amor, arañas bajo los ojos, féretro de su puro, decía.

Si falla
la memoria, todo quiebra;
si es escasa, empero,
significa: aquel valle
tan dulce y tan sombrío.

De caza nocturna