La sopa, de Miguel Casado


 

Wassily Kandinsky, «Autour du cercle», 1940.


Wassily Kandinsky, «Varias acciones», 1941.


Wassily Kandinsky, «Bleu de ciel», 1940.


 
 
 
 
La sopa
 
 

Wassily Kandinsky

 
Una bola de hielo
arde de dentro afuera.
 
En el paisaje
a través de tela transparente,
la roja
se precipita hasta el mar.
 
De marfil, de vidrio,
metálica: sobre todo
de acero, de asta, de arenisca,
de papel.

                    ●

Vendrá un viento de color,
los tirará de su cuerda;
cabeza abajo
el sentido los ahogará,
en la garganta.

                    ●

Solo líneas en la negrura,
ahí suspendidas
sin color interno.
 
Un triángulo común a tres,
un rombo a dos,
un trapezoide a dos.
 
Cuatro triángulos negros,
seis.
 
Líneas solas sin dentro ni fuera,
lógica de límites
organizando aire.

                    ●

En torno a 1940,
cuadros de sopa:
el líquido claro, ingredientes
móviles. Bullen
como en cocina japonesa.

                    ●

Masas, lenguas.
 
El pez no navega en líquido,
lleva una franja
de globo aerostático.
 
Aunque lo froten manos,
el fondo no tiene relieve.
No viene de él
el polvo de la corteza.

                    ●

Se proveen de patas, ondulan,
mueven tentáculos.
 
Hacen sin disgregarse
pruebas de divisibilidad,
componen mosaicos, multiplican
en tonos su apariencia.
 
Una orla nubosa.
 
Mundos sin contacto
proyectan apenas sombra.
No tienen raíces,
se desplazan,
viven en otra parte.

                    ●

Fragmentos de fantasía antropomorfa
—tronco, cuellos de camisa,
guantes de boxeador, grupa…
 
Pero falta la fantástica cabeza.
Geminada en cuatro
lo que sería,
un globo con aire
preso en cuatro protuberancias,
globitos.
 
En el gris oscuro
no se ensueñan luces,
lo sucio minucioso.

                    ●

Hacia el centro de la tempestad
la flecha del niño
no tiene función.
Solo nombre, y tiempo
ocupa.
 
Reja, arpa, peine, punzón,
cometa de cuerpo monstruoso,
ese bífida,
pico. La silueta
de la mano perforan agujeros
redondos. Ejercicio de líneas,
composición,
un triángulo común a tres.
 
Oscurecimientos de la tempestad,
opacos,
el morado es del día
y su cola baila en densidades.
Está aquí y no es memoria.

                    ●

Hierven en el calor del fondo.
El vapor que sale
forma un velo.
 
Los tropezones bullen,
los vivos.
 
Tenuemente húmedo
en el interior del párpado.
 

De La mujer automática

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