[Pánico], [Circulación] y [Poética], de Jaime Pinos


 

Alexis Díaz, «Pánico», 2004.


 
 
Pánico. Estridente ulular de las sirenas, rojo de las balizas destellando cuando cae la noche y la escenografía del pánico se hace más patente. Aquí el miedo es parte del paisaje. La paranoia, una minuciosa construcción social urdida por intereses y consorcios cuyo negocio es propagar la sensación del asedio, la solitaria indefensión del habitante frente al enemigo interno. La ocupación policíaca, una política de Estado aceptada por la inmensa mayoría, deseosa de vivir en paz soslayando la cotidiana guerra de clases, sus consecuencias sangrientas. Aquí se vive bajo sospecha. Todos los gatos son negros cuando cae la noche sobre las calles, a cada minuto más desiertas, y caminan los últimos Transeúntes, desconfiando de su propia sombra, apresurados, rumbo al hogar y su tibio amparo de rejas, alarmas o pistolas bajo la almohada.
 

De 80 días

 
 
 
 

Alexis Díaz, «Circulación», 2004.


Alexis Díaz, «Circulación», 2004.


 
 
Circulación. Torrente sanguíneo de la ciudad, constante movimiento de los habitantes y las cosas en el sistema de sus calles. Aquí, el parque automotriz determina los espacios y los tránsitos. La minoría, los motorizados, en medio de la calle, ven pasar la ciudad como un filme en la pantalla móvil de sus ventanillas. La mayoría, los peatones, orillados a la vereda por la ferocidad de las máquinas, caminan como animales asustados evitando el atropello. En los transportes públicos, los trabajadores hacinados recorren largas distancias desde sus domicilios periféricos hasta los centros de producción para cumplir con la jornada laboral que los devuelve rendidos, esperando su redención en la pantalla. Aquí, la circulación de las señales tiende a la saturación. Bombardeo óptico y acústico, rodar por estas calles es soportar el asedio de imágenes que encandilan y sonidos que ensordecen. Reflejos, signos, textos, chirridos, estruendos, pitidos. Aquí, la circulación de mercancías determina los flujos y los ritmos. Todo se mueve según lo dicte la necesidad de Circulante. La equivalencia del tiempo y el dinero ha impuesto a la vida un pulso frenético. El continuo intercambio de mercaderías, sean éstas objetos o personas, es la corriente principal que anula o subordina cualquier desplazamiento ajeno a las dinámicas de la Utilidad. A contracorriente, el Transeúnte vaga sin objeto dejándose llevar, paseando sin prisa o sin deber, sólo por ver y ser visto.
 

De 80 días

 
 
 
 

Alexis Díaz, «Poética», 2004.


 
 
Poética. Por buscar el asombro, por masticar la rabia. Por menos que eso puede darle uno la vuelta al propio mundo. ¿Quién ha atravesado la ciudad y por única música sólo ha tenido los silbidos de sus semejantes, sus propias palabras de asombro y rabia? Sólo por saber dónde está uno parado, en qué mundo entre los mundos. Por demarcar el territorio donde se reconoce el silbido de los semejantes, esa música. Aquí, donde vivimos nuestra vida como si fuéramos eternos. Aquí, en este momento (este momento es la Historia) en esta época, bajo el polvo de estas ruinas.
 

De 80 días