El plato que antes nos comíamos caliente ahora nos lo sirven frío, de Lara Moreno


 
No hemos cambiado tanto y sin embargo somos enteramente otras personas
bajo las marcas de la cara bajo la delgadez bajo el mentón envejecido
ahí estamos, robustos, recios y diamantes
el puño de ilusión que nos abrasó el estómago esa vida cuando recién empezaba
la gloria de sufrir a los veinte años
la mala memoria de sentir.
 
No hemos cambiado tanto y sin embargo el cerco se hace estrecho hasta la asfixia
y aquello que pensábamos vivir
aquello que no existe
nos roza como el frío
la desazón de una noche sin nada entre las manos.
 
No hemos cambiado tanto y sin embargo el cine de los noventa
los pantalones vaqueros sin bolsillos las broncas con tu padre
o los veranos eternos redentores del hastío.
 
Algunas cosas quedan
seguimos siendo jóvenes para según qué nostalgias
seguimos siendo finos devoradores de tácticas amargas
y todos los amigos que nos aman siguen dando sentido y estocada.
 
No hemos cambiado tanto pero, mira, yo no me reconozco en el recuerdo.
Y cuando a veces lloro en el sofá un viernes por la noche
nunca es por otro cuerpo u otra lucha
cama destino fiebre y desvarío
lloro solo por mí
porque hemos cambiado tanto y sin embargo
sigo siendo la misma.

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