Esa claridad tan lejana, de José Acosta


En el castillo alguien vomita su corazón.
Russell Edson

 
 
I
 
El universo resuena como llovizna
sobre el agua,
imperceptible como el susurro de un árbol al crecer.
Estamos encerrados en una dimensión oscura;
la noche es la sombra de una pared lejana;
Dios vive del otro lado.
No te has preguntado ¿a quién le ladran
los perros?
¿Qué ven que tú no puedes descubrir con tu linterna?
Es al sonido de la eternidad,
al espacio que tú sólo conoces en sueños
y crees irreal.
Es a él mismo a quien el perro le ladra,
al ladrido que rebota al colisionar con la noche
y regresa irreconocible.
Es a ti a quien le ladran los perros,
a tu presencia que por tus pensamientos se desborda
llenando la Tierra de murmullos.
 
 
II
 
Apartar la oscuridad con un cuchillo,
entrar a la alcoba sombría de un murmullo
donde nacen las piedras
y las aguas ensayan el sonido que emiten
en los techos del mundo.
Por allí pasan las imágenes de los que serán,
alas prohibidas crean la brisa negra
que hincha las velas en los mares soñados.
Allí no hay ojos, sólo movimiento,
cosas que descienden de la atmósfera,
palabras incendiadas
llenando de amarillo los recuerdos.
Si un corazón latiera en esos lugares
podría provocar un terremoto.
Y si por casualidad abres una ventana
para ver caer la lluvia,
sólo el sonido sin agua podrás ver
doblando el maizal.
 
 
III
 
Hay tanta paz en regresar de la cocina,
volver a la cama donde la carne se pudre
para llenarla con nuestro misterio.
Atravesar el pasillo como si fuera la vida,
sentir el resplandor de todo lo que huye
y se convierte en paredes.
Apartar las cortinas y hallar lo que fue en los rincones:
las pequeñas maldades, la llovizna,
y eso informe que jamás entenderemos.
Un tumulto de pensamientos esperando su turno
a la sombra de la desesperación
cuando ya es demasiado tarde.
Y una voz ausente golpeando la luz,
penetrando en las palabras,
tratando de ser nuestra.
Hay tanta paz en el trayecto, desde el olor del café
hasta el armario, desde los pasos
que ya no parecen nuestros.
 

De Catequesis del íncubo (Techo de Papel Editores, 2001 [2.ª ed.])

 
 
 
 
Nota: José Acosta obtuvo en 2015, con su poemario aún inédito Viaje al día venidero, el Premio Nacional de Poesía Salomé Ureña de Henríquez (República Dominicana), otorgado por el Ministerio de Cultura de República Dominicana y la Fundación Corripio.
 
 
 
 

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