Segunda experiencia de la criatura sin rostro, de Mónica Ojeda


2. El callado abismo
 
Ocurrió entonces que las palabras trepaban nuestras pezuñas como tarántulas cojas queriendo renombrar la vida, pero nosotros, hundidos en el callado abismo, nos negamos a volver al estado primigenio donde la lengua importaba más que el lenguaje de las piedras. Hoy el agua horada los párpados y cada mil años una gota deforma la roca que esconde la vieja escritura de los hombres. Los oídos de los otros escuchan sus asperezas rendidas | nuestros ojos rasgan la dura materia de las cuevas donde nacimos. La discapacidad de las palabras ahora es el poder de la precariedad cubriendo los cuerpos con conceptos limitados sobre la naturaleza del paisaje y sus sonámbulas criaturas. Por eso en la claridad del silencio perfeccionamos movimientos que fueron la forma de decir más pura de nuestra especie y también el inicio de una civilización despojada de la gramática heredada. Los hombres y las mujeres de afuera, sin embargo, pelearon por el orden de las tarántulas para nombrar la naturaleza vencida de las bestias sin lengua. Ellos definen el amanecer de los cedros revestidos con las garras perdidas de los animales: nosotros hallamos el sentido de la guerra en la forma de sus huellas.
 

De El ciclo de las piedras (Rastro de la Iguana Ediciones, 2015)

 
 
 
 
Nota: Mónica Ojeda obtuvo en 2015, con su poemario El ciclo de las piedras (2015), el III Premio Nacional de Poesía Emergente Desembarco 2015 (Ecuador), otorgado por el Festival Desembarco Poético en Guayaquil.
 
 
 
 

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