No se apague tu luz, no sobrevenga la oscuridad, de Esteban Ureña


Fue extrañante cuando escuché que Ronaldo o Messi,
ya no sé cuál, era un poeta del balón, y no es que yo le niegue a
la gambeta algo de encabalgamiento y hasta de bustrófedon,
no por prohibirle al delantero que se zambulla y robe espaldas
ni al defensa que barra el área y se arme de machete o motosierra,
no por negar la guerra fría entre el fútbol de Florida y de Boedo,
no porque rechace —y las rechazo— las teorías de Pasolini
sobre el fútbol poesía individualista del latinoamericano
y el colectivista fútbol prosa de los europeos.
 
Pero es así: la poesía empezó a tener buena prensa
y a no leerse casi al mismo tiempo —ahora los matemáticos
quieren demostraciones estéticas, los albañiles levantan muros de lenguaje
las arañas tejen hilos de duras perlas que se deshacen en lágrimas
a las primeras luces, hasta los filósofos ingleses quieren ser poetas
dicen «lo que hace a la poesía es violentar el uso común de la lengua»
en cuyo caso serían poetas los que tienen a Dios cantando en su pecho
como un cenzontle en 400 lenguas de ángeles y serían poetas
los escolares que tragan grueso antes de escupir la gramática
y las hembras que putean.
 
Pero para escribir poesía hace falta trabajar mucho, caminar mucho,
vagar mucho, estudiar mucho, olvidar mucho. Todo eso
y nada de eso. La verdad cae un poco más fácil decir lo que no:
no es la mirada de luz de Ronaldo en lo alto de su estatua
no es la gradería de sol abierta en una sola garganta
no es la belleza metamatemática ni la vivisección áurea
de los más íntimos secretos de la conciencia, no es las tetas
de aquella ni su sudor para el recuerdo ni sus labios fríos,
no es la negación de la negación negada a su vez y dada vuelta.
 
Poesía por favor háblame porque no te quiero oír, y la vida se me pasa
como noticias publicadas sobre mí en cualquier otro periódico.
 

De Minutos después del accidente (Euned, 2014)

 
 
 
 
Nota: Esteban Ureña obtuvo en 2015, con su poemario Minutos después del accidente (2014), el Premio Aquileo J. Echeverría (Costa Rica), otorgado por el Ministerio de Cultura de la República de Costa Rica.
 
 
 
 

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